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miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL BUDISMO, EN POCAS PALABRAS - LOS CUATRO SELLOS

La gente con frecuencia me pregunta: “¿Qué es el budismo, en pocas palabras?”. O preguntan: “¿Cuál es, específicamente, el punto de vista filosófico del budismo?”.

Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoche

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El budismo, en pocas palabras: Los cuatro sellos

Lamentablemente, en el occidente el budismo parece haber sido encasillado en el ámbito de la religión, e inclusive en el ámbito de la auto-ayuda o auto-superación, y obviamente se encuentra en el ámbito, tan de moda, de la meditación. Me gustaría cuestionar la definición popular de la meditación budista.

Muchas personas piensan que la meditación tiene que ver con la relajación, con ver la puesta del sol u observar las olas en la playa. Frases bonitas como “dejarse ir” y “librarse de las preocupaciones” vienen a la mente. Desde un punto de vista budista, la meditación es un poquito más que eso.

Primero, tenemos que hablar sobre el contexto real de la meditación budista. Este se describe con los términos “visión, meditación y acción”; cuando se utilizan juntos, constituyen una manera hábil de comprender el camino. Aunque no utilicemos estas expresiones en nuestro día a día, si pensamos en el asunto, siempre actuamos de acuerdo a una cierta visión, meditación y acción. Por ejemplo, si queremos comprar un carro, escogemos el que pensamos que es mejor, más confiable y así por delante. Entonces la “visión”, en este caso, es la idea o creencia que tenemos, es decir, que ese es un buen carro. Entonces la “meditación” es contemplar esa idea y acostumbrarnos a ella, y la “acción” es ir y comprar el carro, manejarlo y usarlo. Este proceso no es una cosa o budista necesariamente; es algo que estamos haciendo todo el tiempo. No tienes que llamarlo “visión, meditación y acción”. Puedes considerarlo como “idea”, “acostumbrarse a”, y “obtener”.


Así que: ¿cuál es la visión particular a la que los budistas tratan de acostumbrarse? El budismo se distingue por cuatro características o “sellos”. De hecho, si se encuentran estos cuatro sellos en un camino o filosofía, no importa si lo llamas budista o no. Lo puedes llamar como te guste. Las palabras “budista” o “budismo” no son importantes. La cuestión es que si ese camino contiene esos cuatros sellos, puede ser considerado el camino del Buda.

Por lo tanto, estas cuatro características se llaman “los cuatro sellos del Dharma”.


Ellos son:

Todas las cosas compuestas son impermanentes.

Todas las emociones son dolorosas. Esto es algo de lo que sólo los budistas hablan. Muchas religiones idolatran cosas como el amor con celebraciones y cantos. Los budistas piensan: “Todo esto es sufrimiento”.

Todos los fenómenos son vacíos; no poseen existencia inherente. Esta es, de hecho, la visión máxima del budismo; los otros tres sellos se basan en este, el tercero.

El cuarto sello es que el nirvana está más allá de los extremos.

Sin estos cuatro sellos, el camino budista se volvería dogma religioso, teísta, y todo su objetivo se perdería. Por otra parte, un surfista podría darte enseñanzas sobre como sentarte en un banco observando la puesta del sol: si lo que dice contiene todos estos cuatro sellos, sería budismo. A los tibetanos, chinos o japoneses puede que no les guste, pero las enseñanzas no siempre necesariamente se dan en una forma “tradicional”. Los cuatro sellos están interrelacionados, como vamos a ver.


El primer sello:
Todas las cosas compuestas son impermanentes

Todo fenómeno en el que podamos pensar es compuesto, y por lo tanto sujeto a la impermanencia. Ciertos aspectos de la impermanencia, como los cambios en el clima, podemos aceptarlos fácilmente, pero hay cosas igualmente obvias que no aceptamos.


Por ejemplo, nuestro cuerpo es visiblemente impermanente y envejece cada día, y sin embargo esto es algo que no queremos aceptar. Ciertas revistas populares enfocadas en la juventud y la belleza explotan esta actitud. En términos de visión, meditación y acción, sus lectores pueden tener una “visión” – tener el pensamiento de no envejecer o escapar de alguna manera al proceso de envejecimiento. Ellos contemplan esta visión de permanencia, y su acción, en consecuencia, es ir a los gimnasios y someterse a cirugías plásticas y toda clase de líos.

Los seres iluminados pensarían que esto es ridículo y se basa en una visión equivocada. Acerca de estos varios aspectos de la impermanencia - el envejecimiento y la muerte, los cambios en el clima, etc. - los budistas tienen una única afirmación, a saber, el primer sello: los fenómenos son impermanentes porque son compuestos. Todo aquello que se junta irá, más tarde o más temprano, a descomponerse.


Cuando decimos “compuestos”, eso incluye las dimensiones del espacio y el tiempo. El tiempo es compuesto y por lo tanto impermanente: sin el pasado y el futuro, no hay una cosa llamada presente. Si el momento presente fuera permanente, no habría futuro, pues el presente siempre estaría allí. Cada acto que realizas – digamos que plantar una flor o cantar una canción – tiene un comienzo, un medio y un fin. Si, al cantar la canción, nos faltara el comienzo, el medio o el final, no habría tal cosa como cantar una canción ¿no es cierto? Eso significa que cantar una canción es algo compuesto.

“¿Y qué?” nos preguntamos. “¿Por qué habríamos de preocuparnos por eso? ¿Cuál es el problema? Tiene un comienzo, un medio y un fin - ¿y qué?”. No es que los budistas estén realmente preocupados sobre comienzos, medios y fines; ese no es el problema. El problema es que cuando hay composición e impermanencia, como sucede con las cosas temporales y materiales, hay incertidumbre y dolor.

Algunas personan piensan que los budistas son pesimistas, siempre hablando de muerte, impermanencia y vejez. Pero eso no es necesariamente verdad. ¡La impermanencia es un alivio! Yo no tengo un BMW hoy y es gracias a la impermanencia de ese hecho que puede que tenga uno mañana. Sin impermanencia, estaría preso en la no-posesión de un BMW, y nunca podría tener uno. Puede que me sienta gravemente deprimido hoy y, gracias a la impermanencia, podría sentirme muy bien mañana. La impermanencia no es necesariamente una mala noticia; depende de la forma en que la comprendas. Aunque hoy tu BMW sea rayado por un vándalo, o tu mejor amigo te decepcione, si tienes la visión de la impermanencia, no estarás tan preocupado.

El engaño surge cuando no reconocemos que todas las cosas compuestas son impermanentes. Pero cuando nos damos cuenta de esta verdad, en el fondo de nuestros corazones y no sólo intelectualmente, eso es lo que se llama liberación: librarnos de esta creencia estrecha e unipuntual en la permanecia. Todo, nos guste o no nos guste – inclusive el camino, el precioso camino budista – está compuesto. Tiene un comienzo, tiene un medio y tiene un fin.

Cuando comprendes que “todas las cosas compuestas son impermanentes”, estás preparado para aceptar la experiencia de perder algo. Ya que todo es impermanente, esa experiencia es de esperarse.


El segundo sello:

Todas las emociones son dolorosas

La palabra tibetana para “emoción”, en este contexto, es zagche, que significa “contaminado” o “manchado”, en el sentido de estar permeado por confusión o dualidad.

Ciertas emociones, como la agresión o los celos, naturalmente las consideramos dolor. ¿Pero qué pasa con el amor y el cariño, la amabilidad y la devoción, esas emociones bonitas, suaves y encantadoras? No las consideramos dolorosas; sin embargo, ellas implican dualidad, y esto significa que, al final, son fuente de dolor.


La mente dualista incluye casi todo pensamiento que tenemos. ¿Por qué es doloroso esto? Porque está equivocado. Toda mente dualista es una mente equivocada, una mente que no entiende la naturaleza de las cosas. Entonces, ¿cómo podemos entender la dualidad? Esta consiste en sujeto y objeto: nosotros por un lado y nuestra experiencia por el otro. Esta clase de percepción dualista está equivocada, como podemos ver cuando hay diferentes personas percibiendo el mismo objeto de maneras distintas. Un hombre puede pensar que cierta mujer es hermosa y que esa es la verdad. Pero si eso fuera algún tipo de verdad absoluta e independiente, entonces todo el mundo tendría que verla hermosa también. Evidentemente, esta no es una verdad que es independiente de todo lo demás. Es dependiente de tu mente; es tu propia proyección.

La mente dualista crea un montón de expectativas – un montón de esperanza, un montón de miedo. Siempre que haya una mente dualista, hay esperanza y miedo. La esperanza es perfecto y sistematizado dolor. Tendemos a pensar que la esperanza no es dolorosa, pero en realidad es un gran dolor. Y en lo que respecta al dolor del miedo, eso es algo que no necesitamos explicar.

Buda dijo: “Comprende el sufrimiento”. Esa es la primera noble verdad. Muchos de nosotros confundimos dolor con placer – el placer que tenemos en este momento es en realidad la causa misma del dolor que tendremos más tarde o más temprano. Otra manera budista de explicar esto es decir que cuando un gran dolor se vuelve menor, lo llamamos placer. Eso es a lo que llamamos felicidad.

Además, la emoción no tiene ninguna clase de existencia real inherente. Cuando la gente sedienta ve agua en un espejismo, tienen un sentimiento de alivio: “¡Qué bien, allí hay agua!”. Pero cuando se acercan, el espejismo desaparece. Ese es un aspecto importante de la emoción: la emoción es algo que no tiene una existencia independiente.

Es por esto que los budistas llegan a la conclusión de que todas las emociones son dolorosas. Es porque son impermanentes y dualistas que son inciertas y siempre acompañadas por esperanzas y miedos. Pero al final, ellas no tienen, y nunca tuvieron, una naturaleza inherentemente existente, así que, de cierta forma, no tienen mucho valor. Todo lo que creamos a través de nuestras emociones es, al final, completamente fútil y doloroso. Esto es por lo que los budistas practican meditación shamatha y vipashya – ellas ayudan a librarnos del dominio que tienen nuestras emociones sobre nosotros, y las obsesiones que tenemos debido a ellas.

Pregunta: ¿La compasión es una emoción?


Las personas como nosotros tienen una compasión dualista, mientras que la compasión de Buda no consiste en sujeto y objeto. Desde el punto de vista de un buda, la compasión nunca podría consistir en sujeto y objeto. Esto es lo que se llama mahakaruna – gran compasión.

Me resulta difícil aceptar que todas las emociones sean dolor.


Bueno, si quieres una expresión más filosófica, puedes eliminar la palabra “emoción” y simplemente decir: “Todo lo que es dualista es dolor”. Pero me gusta usar la palabra “emoción” por ser provocativa.



¿No es impermanente el sufrimiento?


¡Sí! Si sabes esto, entonces estás bien. Es por no saber esto que pasamos por tantas incomodidades tratando de resolver nuestros problemas. Y ese es el segundo mayor problema que tenemos – tratar de resolver nuestros problemas.


El tercer sello:

Todos los fenómenos son vacíos; no poseen existencia inherente

Cuando decimos “todos”, significa todo, incluyendo a Buda, la iluminación, y el camino. Los budistas definen los fenómenos como algo que tiene características, y como un objeto que es concebido por un sujeto. Mantener que un objeto es algo externo es ignorancia, y esto es lo que nos impide ver la verdad de ese objeto.


La verdad de un fenómeno es llamada shunyata, vacuidad, lo que implica que el fenómeno no posee una esencia o naturaleza verdaderamente existente. Cuando una persona o sujeto confundido observa algo, el objeto observado es interpretado como algo realmente existente. Sin embargo, como podemos ver, la existencia imputada por el sujeto es una suposición equivocada. Tal suposición se basa en las diferentes condiciones que hacen que ese objeto parezca verdadero; sin embargo, el objeto no es realmente así. Es como cuando vemos un espejismo: no hay un objeto verdaderamente existente allí, aunque así lo parezca. Por “vacuidad”, Buda quiso decir que las cosas no existen verdaderamente en la manera en que equivocadamente pensamos que existen, y que ellas en realidad están vacías de esa existencia falsamente imputada.

El motivo por el que los seres sintientes sufren es porque creen en cosas que en realidad son sólo proyecciones confusas. Buda enseñó el Dharma como un remedio para eso. Expresado de manera muy sencilla, cuando hablamos de la vacuidad, queremos decir que la manera en que las cosas parecen ser no es la manera como son en realidad. Como dije antes cuando hablaba de las emociones, puede que veas un espejismo y pienses que es algo real, pero cuando te acercas, el espejismo desaparece, por más real que haya parecido al comienzo.


A veces la vacuidad puede ser llamada “dharmakaya”, y en un contexto diferente podríamos decir que el dharmakaya es permanente, inmutable, omnipresente, y usar toda clase de palabras hermosas y poéticas. Estas son las expresiones místicas que pertenecen al camino, pero por el momento, estamos todavía en el nivel de la base, tratando de llegar a una comprensión intelectual. En el camino, podríamos representar al buda Vajradara como un símbolo del dharmakaya, o vacuidad; pero desde un punto de vista académico, inclusive pensar en pintar el dharmakaya es un error.


Buda enseñó tres enfoques diferentes en tres ocasiones distintas. Estos son conocidos como los Tres Giros de la Rueda, pero se pueden resumir en una sola frase: “Mente; no hay mente; la mente es luminosidad”.

El primero, “Mente”, se refiere al primer grupo de enseñanzas y nos muestra que Buda enseñó que hay una “mente”. Esto fue para disipar la visión nihilista de no hay cielo, ni infierno, ni causa y efecto. Entonces, cuando Buda dijo: “No hay mente”, quiso decir que la mente es sólo un concepto y que no hay tal cosa como una mente verdaderamente existente. Finalmente, cuando dijo: “La mente es luminosa”, se refería a la naturaleza búdica, la sabiduría primordial o libre de confusiones.


El gran comentador Nagarjuna dijo que el propósito del primer giro era librarse de la no-virtud. ¿De dónde surge la no-virtud? Surge del hecho de ser o eternalista o nihilista. Así que para acabar con las acciones y pensamientos no-virtuosos, Buda dio su primera enseñanza. El segundo giro de la rueda del Dharma, cuando Buda habló sobre la vacuidad, fue presentado para disipar el aferramiento al “yo verdaderamente existente” y “los fenómenos verdaderamente existentes”. Finalmente, las enseñanzas del tercer giro fueron dadas para disipar todos los conceptos, inclusive el concepto de la ausencia del yo. Los tres grupos de enseñanzas del Buda no buscan introducir algo nuevo; su propósito es simplemente eliminar la confusión.

Como budistas practicamos la compasión, pero si no tenemos la comprensión de este tercer sello – el hecho de que todos los fenómenos son vacíos – nuestra compasión puede ser contraproducente. Si estás apegado al objetivo de tener compasión cuando tratas de resolver un problema, puedes acabar descubriendo que tu idea de solución se basa completamente en tu interpretación personal. Y puedes acabar siendo víctima de esperanzas y miedos, y consecuentemente de la decepción. Comienzas queriendo ser un “buen practicante Mahayana” y, una que otra vez, tratas de ayudar a los seres sintientes. Pero si no tienes la comprensión de este tercer sello, te cansarás y desistirás de ayudar a los seres sintientes.

Hay otro tipo de problema que surge por no comprender la vacuidad. Sucede con budistas muy superficiales y nada diligentes. De alguna manera, dentro de los círculos budistas, si no aceptas la vacuidad, no “estás en onda”. Así que fingimos que entendemos la vacuidad y que meditamos sobre ella. Pero si no la comprendemos adecuadamente, podría surgir un nocivo efecto secundario. Podríamos decir: “Oh, todo es vacuidad. Puedo hacer lo que me dé la gana”. Así que ignoramos y violamos los detalles del karma, la responsabilidad por nuestras propias acciones. Nos volvemos “inelegantes” y encima desanimamos a los demás. Su Santidad el Dalai Lama con frecuencia habla de esta desventaja de no comprender la vacuidad. Una comprensión correcta de la vacuidad nos lleva a ver cómo las cosas están interrelacionadas, y cómo somos responsables por nuestro mundo.

Puedes leer millones de páginas sobre este tema. Sólo Nagarjuna escribió cinco comentarios diferentes, en su mayoría sobre esto, y después están los comentarios de sus seguidores. Hay incontables enseñanzas sobre cómo establecer esta noción. En los templos Mahayana o en los monasterios, la gente canta el Prajnaparamita, el Sutra del Corazón – esta también es una enseñanza sobre el tercer sello.

Las filosofías o las religiones podrían decir: “Las cosas son ilusión, el mundo es maya, ilusión”, pero siempre quedan una o dos cosas que son consideradas verdaderamente existentes: Dios, la energía cósmica, lo que sea. En el budismo, este no es el caso. Todo en el samsara y el nirvana – desde la cabeza de Buda hasta un pedazo de pan – todo es vacuidad. No hay nada que no esté incluido en esta verdad última.

Pregunta: ¿Siendo, como somos, dualistas, cómo podemos comprender la vacuidad, que es algo más allá de las descripciones?

Los budistas son muy escurridizos. Tienes razón. Nunca podemos hablar de la vacuidad absoluta, pero podemos tener una “imagen” de la vacuidad – algo que podamos evaluar y contemplar para que, al final, podamos llegar a la verdadera vacuidad. Uno podría decir: “Ah, eso es demasiado fácil; qué tontería”. Pero ante eso, los budistas dicen: “Lo siento, así es como funciona.” Si necesitas encontrarte con alguien que nunca has conocido, te lo puedo describir o mostrarte una foto te esa persona. Y con la ayuda de esa imagen en la foto, puedes ir y encontrar a la persona real.


Hablando de manera absoluta, el camino es irracional, pero hablando de manera relativa, es muy racional porque utiliza las convenciones relativas de nuestro mundo. Cuando hablo de la vacuidad, todo lo que digo tiene que ver con esta “imagen” de la vacuidad. No les puedo mostrar la vacuidad verdadera pero puedo decirles por qué las cosas no existen inherentemente.

En el budismo hay tanta iconografía que se podría pensar que esos son objetos de meditación o un objeto de adoración. Pero, según tus enseñanzas, ¿debo entender que todo eso es no-existente?

Cuando vas a un templo, ves muchas estatuas, colores y símbolos hermosos. Ellos son importantes para el camino. Todos ellos pertenecen a lo que llamamos “imagen-sabiduría”, “imagen-vacuidad”. Sin embargo, mientras seguimos el camino y aplicamos sus métodos, es importante saber que el camino en sí mismo es, a finales, una ilusión. De hecho, solo así podemos apreciarlo correctamente.


El cuarto sello:

El nirvana está más allá de los extremos

Ahora que ya he explicado la vacuidad, siento como si el cuarto sello, “El Nirvana está más allá de los extremos”, también hubiera sido explicado. Pero brevemente, este último sello es también algo únicamente budista. En muchas filosofías o religiones el objetivo final es algo a lo que nos podemos aferrar y mantener. El objetivo final es la única cosa que realmente existe. Pero el nirvana no es fabricado, así que no es algo a lo que nos podemos aferrar. Se dice que es algo “más allá de los extremos”.

De alguna manera pensamos que podemos ir a algún lugar adonde tendremos un sofá mejor, una ducha mejor, mejor sistema de cañerías, un nirvana donde ni siquiera necesitemos un control remoto, donde todo esté allí en el momento en que pienses en ello. Pero como dije anteriormente, no es que estemos añadiendo algo nuevo que antes no estaba allí. Se alcanza el nirvana cuando eliminas todo lo que era artificial y oscurecedor.

No importa si eres un monje o una monja que ha renunciado a la vida mundana, o si eres un yogui practicando profundos métodos tántricos. Si, cuando tratas de abandonar o transformar el apego a tus propias experiencias, no comprendes estos cuatro sellos, acabas considerando a los contenidos de tu mente como las manifestaciones de algo malo y diabólico. Si eso es lo que haces, estás lejos de la verdad. Y todo el objetivo del budismo es hacerte comprender la verdad. Si hubiera alguna verdadera permanencia en los fenómenos compuestos; si hubiera verdadero placer en las emociones, Buda habría sido el primero en recomendárnoslo, diciendo: “Por favor, mantengan eso y atesórenlo”. Pero gracias a su gran compasión, no lo hizo, pues quería que tuviéramos lo que es verdadero, lo que es real.

Cuando tienes una comprensión clara de estos cuatro sellos como base para tu práctica, te sientes cómodo, sin importar lo que te suceda. Mientras tengas estos cuatro como tu visión, nada puede salir mal. Quienquiera que mantenga estos cuatro en su corazón o en su cabeza, y los contemple, es un budista. Ni siquiera hay necesidad de que esa persona sea llamada budista. Él o ella, por definición, es un seguidor de Buda.


Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoche nació en Bután en 1961 y fue reconocido como la segunda reencarnación del maestro del siglo XIX Jamyang Khyentse Wangp. Él ha estudiado con y recibido empoderamientos de algunos de los más importantes maestros tibetanos de este siglo, notablemente el ya fallecido Dilgo Khyentse Rinpoche y el ya fallecido Dudjom Rinpoche. Dzongsar Khyentse Rinpoche supervisa su tradicional sede del Monasterio Dzongsar en el este del Tibet, como también universidades recientemente establecidas en India y Bután. También ha establecido centros de meditación en Australia, América del Norte y el lejano Oriente. Recientemente, Dzongsar Khyentse Rinpoche ha recibido la aclamación de la crítica por su primer largometraje, “La Copa”, producida bajo su nombre Khyentse Norbu. Este artículo se basa en una charla titulada “Qué es budismo, y qué no es”, dada en Sydney, Australia, en abril de 1999

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